Los establecimientos están decorados como una antigua tienda de vinos y, como su propio nombre indica, están especializados en la elaboración de “rotos”: bocadillos redondos de huevos revueltos con patatas, aderezados con gulas, chistorra, setas y otras variedades. “Es un formato muy ingenioso y el negocio resulta rentable desde el primer día”, dicen en la central.
Trayectoria. La marca, perteneciente al grupo logroñés Drunken Duck, abrió el primer establecimiento propio en 2007 y en la actualidad gestiona directamente 5 bares en La Rioja y Madrid. “A partir de estas primeras experiencias, pensamos que el desarrollo del concepto va a ser enorme, especialmente en la reconversión de otros formatos hosteleros que no funcionan actualmente”, señala Alfonso Soldevilla, director general de Bodeguilla Los Rotos.
Zonas preferentes. Cataluña, Castilla y León, Aragón y Madrid.
Perfil del asociado. Persona que quiera dirigir personalmente el negocio. La central, que no requiere experiencia en el sector de la hostelería, asegura que el concepto no está orientado a inversores, “a no ser que tengan un buen equipo de gestión”.
Ubicación. Una Bodeguilla Los Rotos, de al menos 90 metros cuadrados y con salida de humos, se emplaza preferentemente en una zona de tapeo. Es recomendable que el negocio tenga terraza.
Desglose de la inversión. La marca cobra un derecho de entrada de 30.000 euros más IVA y calcula un montante aproximado de 180.000 euros para un bar de 90 metros cuadrados. No obstante, el director general de Bodeguilla Los Rotos matiza que la inversión depende del estado del local. “Si el espacio está acondicionado, la reconversión puede rondar los 60.000 euros. Sin embargo, si se trata de una lonja vacía, la construcción de un establecimiento dentro de la normativa puede oscilar entre 150.000 y 250.000 euros, según las dimensiones”, explica. El directivo indica que la imagen corporativa es bastante flexible: “El bar tiene que parecer una bodega de vinos, pero esto se consigue con pintura, carteles y material fotográfico. Nuestras tabernas son diferentes entre sí, aunque guardan un aire común, precisamente para evitar gastos innecesarios en su montaje. Es un negocio diseñado para los malos tiempos, con poca inversión y mucha rentabilidad”.
Adicionalmente, la central aconseja un fondo de maniobra de 12.000 euros. “Hay que tener prevista una cantidad de dinero para los primeros meses, hasta que el producto sea conocido. De todas formas, las bodegas suelen llenarse nada más abrir, por lo que no se precisan demasiados fondos si el franquiciado sigue las directrices de la central y sabe fidelizar a los clientes atraídos por la novedad del concepto”, apunta Soldevilla.
Plantilla. El asociado y 3 trabajadores.
Duración del contrato. Indefinida.