21 - mayo - 2012

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El fracaso antes del éxito

En fin | Junio / Julio 2010
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Cuando Willy saltó inesperadamente de la pecera que reposaba en la mesita, Irene se encontraba jugando con sus Gormiti encima de la alfombra, enfrascada en una batalla imaginaria. Estaba allí mismo, de espaldas, aunque no escuchó el suave rumor del golpe del vertebrado acuático contra el suelo ni cómo su respiración branquial agonizaba. Cuando se giró y vio al pobre Willy inmóvil, le invadió un sentimiento de frustración. Tal y como prometió el día en que se lo compraron, se había ocupado de alimentar al pez diariamente y de cambiarle el agua. También le hablaba a menudo y hasta le hacía muecas al otro lado del cristal. Sin embargo, no había sido capaz de prever aquel repentino impulso suicida, que podría haberse evitado, por ejemplo, poniéndole una simple tapa al acuario.
Desde entonces, los intentos de sus padres por consolarla con otra mascota han sido en vano. Se pone nerviosa al oír hablar de un segundo tetra neón, pero tampoco quiere arriesgarse a fallar de nuevo en la responsabilidad de mantener vivo a un periquito, un conejo o un hámster. Su temor infantil no difiere tanto del miedo al fracaso empresarial. Las negativas a cuidar de otro animal esconden un desánimo similar al que asalta al emprendedor que comete un error importante. Un estigma grabado a fuego en la autoestima que recuerda continuamente la caída e impide volverse a levantar.
Hay empresarios tan convencidos de que el triunfo ha de ser rotundo que arrastran los tropiezos como lastres de torpeza e incompetencia. Avergonzados, tratan de enterrarlos, sin enfrentarse a ellos ni analizar sus causas. Olvidan que el error forma parte del proceso de aprendizaje y que, por ejemplo, el cierre de algunas franquicias no tiene por qué implicar la decadencia absoluta de la red, sino la necesidad de replantear las ubicaciones adecuadas, el perfil de los franquiciados o la extensión de las zonas de exclusividad.
Según leí hace unos días, un dicho taiwanés afirma que equivocarse es la madre del éxito. Así que quién sabe. Tal vez Irene sea una gran veterinaria de mayor.



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