21 - mayo - 2012

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Innovación asistencial a la tercera edad

Un programa terapéutico propio registrado como obra científica en la Propiedad Intelectual respalda los 12 centros de día de esta marca madrileña, que opera en un sector aupado por el envejecimiento de la población y la Ley de Dependencia

[Más información en el número 133 de la revista ]

Estrategias de éxito | viernes, 11/06/2010
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Catalina-Hoffman

Entre los últimos escalones de la pirámide demográfica española, millones de personas de rostro curtido, piel trémula y cabellos plateados integran el “pueblo” de la tercera edad, un colectivo al que el aumento de la esperanza de vida hace cada vez más numeroso, pero que hasta hace un lustro no tenía demasiadas alternativas asistenciales. “El sector de la atención a los mayores había vivido un auge de residencias muy fuerte, y estas eran prácticamente la única opción para ellos. Los pocos centros de día que existían se confundían, además, con clubes sociales o de jubilados donde la gente iba a entretenerse. Hacía falta mucha innovación”, explica Catalina Hoffman, fundadora y directora general de Vitalia Centros de Día.
Así que ella, médico y terapeuta ocupacional, se puso manos a la obra enseguida. Tenía 26 años cuando en 2004, tras trabajar un tiempo en el campo residencial, se lanzó a abrir un centro de día con sello propio: el método Hoffman. “Observé que se tendía a clasificar a los pacientes por tipología y, al final, se trataba igual a personas con grados distintos de la misma enfermedad. Por eso creé un sistema de tratamiento terapéutico, que ha sido registrado como obra científica en la Propiedad Intelectual, a través del cual, aunque el mayor traiga sus diagnósticos clínicos, es valorado de nuevo por nuestro equipo profesional conforme a un protocolo digitalizado que tiene en cuenta múltiples variables, incluso estudios o situación familiar”. “En función de las necesidades se elabora un programa personalizado, ya sea para prevenir si el anciano está perfectamente o para mejorar si sufre alguna patología como Parkinson, Alzheimer o una hemiplejía. De este modo, agrupamos por finalidad terapéutica y no por enfermedad”, describe la ejecutiva.


Al principio, Hoffman no las tuvo todas consigo. En aquel establecimiento inicial, ubicado en la madrileña calle de Ferraz, “lidiaba” con familias recelosas que veían en su juventud una debilidad. El primer año solo ocupó 5 plazas. “Es un sector delicado en el que hay que transmitir confianza, pero fuimos consiguiendo mejorías importantes en los ancianos y el boca a boca nos dio a conocer”, relata. En 2007, el centro, con capacidad para 40 usuarios, tenía 35 solicitantes en lista de espera –razón por la que a día de hoy ha duplicado las instalaciones y cuenta con 85 plazas–. “La Ley de Dependencia también contribuyó a impulsar la demanda, aunque luego el problema ha sido que cada comunidad autónoma va a un ritmo diferente. Cuando esté bien instaurada”, opina, “regularizará mucho este mercado”.


La enseña comenzó a franquiciar en 2008. “Había una necesidad muy grande que satisfacer en un corto espacio de tiempo”, argumenta la directora. En la actualidad, la red suma 12 centros (11 asociados) distribuidos por Madrid, Granada, Oviedo, Salamanca y Barcelona. En todos ellos, la plantilla está compuesta por médicos, fisioterapeutas, enfermeros, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, neuropsicólogos y auxiliares de geriatría.

 

 

 
Un primer contacto crucial


Para la fundadora, el distintivo de Vitalia es la calidad de vida prestada tanto a los mayores como a sus familiares. Y una insignia tan valiosa no puede dejarse en manos de inversores cegados por la rentabilidad. “Es necesario que tengan un perfil social. Por ello mantengo una primera entrevista con todos los candidatos, en la que nunca se habla de números y que es fundamental para comprobar si comparten nuestra filosofía. Asimismo, la contratación del director del centro, que ha de ser un profesional sanitario, debe ser aprobada por mí”, advierte, a lo que agrega que la restricción crediticia ha hecho que los asociados actuales sean empresarios e inversores, aunque “hay muy buenos profesionales del sector esperando a que mejore la financiación”.
La marca –que prevé conceder 7 licencias más antes de que acabe 2010 entre Madrid, Valencia, Galicia y Extremadura– cuenta ahora con unas 550 peticiones de franquicia, también de países como Uruguay, Chile y México. Sin embargo, la ejecutiva afirma que en ningún caso piensa abrir más de 10 centros al año. “Vamos de la mano del franquiciado en todo momento: nos encargamos del anteproyecto del local según la normativa de la comunidad; de la obra, con constructoras homologadas; de la selección y formación del personal... Esa es la cifra que la central, con unas 20 personas, puede controlar”, expone, y avanza que en 2011 podrían dar el salto a Portugal para centrarse más tarde en Latinoamérica.
Para unirse a la red es necesario un local de al menos 400 metros cuadrados (65 plazas), luminoso, diáfano y ubicado a pie de calle. Los establecimientos, a los que se les da una exclusividad de unos 70.000 habitantes, acogen normalmente 3 despachos, 2 salas grandes, 1 gimnasio, 1 cocina para preparar las meriendas y desayunos y servir la comida de catering, y 1 área de vestuarios y duchas.


La inversión inicial de un centro de estas características ronda los 300.000 euros, que incluyen el derecho de entrada (28.000 euros más IVA), la reforma del local y las licencias (197.500), el mobiliario (30.000) y otros gastos como fianzas, fungibles y constitución de la sociedad (44.000). A esta cifra hay que sumar el leasing o renting de la furgoneta para las rutas de transporte. Además, la central cobra un canon de publicidad mensual del 1% de la facturación y otro de explotación del 4% durante el primer ejercicio y del 5% a partir del segundo.
El tiempo estimado entre la firma del contrato y la apertura es de 6 meses. La capacidad máxima del centro, en el que trabajan unas 11 personas, se alcanza en el segundo año y la inversión se recupera en el tercero. La facturación anual aproximada es de 850.000 euros.

 

 


 

Una oferta flexible

Desde talleres de memoria y estimulación cognitiva, ejercicios de acondicionamiento físico y rehabilitación acuática hasta terapias hortícolas y con animales, excursiones o un laboratorio de prensa donde los mayores escriben artículos y editan su propia revista. Las actividades terapéuticas de Vitalia son variadas, pero, a la vez, tan maleables como el usuario necesite. “No todos pueden hacerlo todo. Cada mayor tiene un programa adaptado a sus fines terapéuticos”, remarca Hoffman. Asimismo, los centros de la red ofrecen rutas de transporte en cualquier momento del día, prestan asistencia domiciliaria con su propia plantilla y poseen acuerdos de colaboración con compañías especializadas que as



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